martes, 27 de septiembre de 2011

Texto: CONSUMO RESPONSABLE. Resuelto.


    1. Breve resumen redactado del texto.
    En este artículo se analiza el concepto de consumo responsable como una forma novedosa de entender las necesidades de un sector de la población que aspira a una sociedad más justa. El comprador responsable debe optar por el comercio justo, lo que significa respetar los derechos del productor y el comprador, es decir, conocer el origen del producto y ser capaz de evitar las campañas de marketing de las grandes marcas que solo favorecen sus propios intereses. Para ello, es necesario que el consumidor haga uso de su sentido común y su capacidad crítica con el objetivo de mejorar la calidad de vida en el mundo occidental más allá de lo material.

    1. Esquema de la estructura del texto.
    Este texto puede dividirse en tres partes diferenciadas:
    a) El autor comienza el párrafo contextualizando el creciente auge del consumo responsable. Para definir el sentido de esta novedosa práctica apela al conocimiento del profesor Carlos Ballesteros, que remarca la conciencia y la capacidad crítica de este nuevo tipo de consumidor. (párrafos 1 y 2)
    b)En el segundo párrafo este experto en la materia señala la organización en red de los compradores y su necesidad de informarción como carcterísticas necesarias para asentar este tipo de consumo. El autor pone como ejemplo la revista Opcions, una muestra de esta iniciativa en España. (párrafo 3)
    c)Finalmente señala la capacidad de acción del consumidor dentro del mercado actual mediante la elección del comercio justo. El autor presenta el sentido común como un arma eficaz contra una concepción meramente económica del consumo. (párrafo 4)

    1. a) Ideas del autor: tesis que defiende, argumentos que utiliza, ejemplos que expone, importancia, actualidad
    El autor utiliza este texto para analizar el significado y la prácctica del consumo responsable.
    En el primer párrafo queda expuesta la línea general que se derarrollará en el artículo. Destaca en la primera línea, la definición de este tipo de consumo a través de una ideología humanista, ya que su principal característica es la necesidad de “conseguir una sociedad más justa”. Junto a esto también señala que proviene de EEUU y Europa y que en España es una tendencia reciente, puesto que solo existe desde hace cinco años.
    Por lo tanto, el autor caracteriza este tipo de consumo como poco asentado, de modo que la principal función del artículo será informar acerca de este concepto apelando a la capacidad del ser humano para apoyar propuestas justas o que repercutan en una mejora de la sociedad.
    Para aportar más datos, en el párafo segundo utiliza el conocimiento que al respecto tiene el profesor Carlos Ballesteros, que incide sobre la capacidad del consumidor para reflexionar acerca de sus hábitos de consumo y la repercusión de estos en el mundo en el que vive.
    Además de la capacidad crítica este nuevo consumidor, este necesita organización social e información actualizada tal y como el autor apostilla en el párrafo tercero. Para ello, cita el ejemplo de la revista Options, cuya directora señala como un modo fiable para conocer qué hay detrás del proceso de fabricación de los productos.
    Hay que destacar que en ambos párrafos se orienta esta necesidad de conocimiento acerca del consumo hacia los abusos que se someten en los lugares donde los productos se fabrican. Actualmente son los países subdesarrollados o en vías de desarrollo los que aglutinan esta actividad. Esto puede observarse en la explicación que el autor da a las palabras de Ballesteros en el segundo párrafo: “¿han trabajado niños en su fabricación?”, con las que considera esta práctica como una posibilidad. Dentro de este sistema de pensamiento la responsabilidad se orienta a crear concienciar acerca de los abusos de estos países.
    Dentro de esta línea argumentativa introduce el concepto de comercio justo como un tipo de práctica que respeta las condiciones económicas, sociales y medioambientales de estos países productores.
    Por lo tanto, un consumidor responsable, según este autor, será capaz de optar por el comercio justo en oposición a los interesses de las grandes marcas obviando cuestiones económicas. Este nuevo consumidor deberá primar la rentabilidad social, entendidda como una mejora de los derechos humanos que están detrás del proceso de fabricación numerosos productos.
    Para afirmar esto, el autor emplea la opinión de los expertos como una generalización, es decir, son los expertos los que aseguran que lo rentable no es lo más económico. El autor presupone que la sociedad en conjunto es capaz de observar sus hábitos de consumo y de imponer sobre ellos el sentido común para favorecer la preservación de los derechos de las personas explotadas que están vinculadas al proceso de producción.
    Este artículo está dirigido a un lector capaz de reflexionar acerca del consumismo, que en mi opinión, es el eje principal de la sociedad occidental. Considero que la totalidad de la población, tal y como se presupone en este texto, no está en situación de cambiar sus hábitos de consumo. Una gran parte de la sociedad desarrollada sufre abusos laborales o es víctima del paro o de la crisis económica que nos afecta. Esto hace que en muchos casos tener conciencia de la situación que se esconde tras este sistema productivo no sea igual a poder cambiar la situación que genera.
    El autor del artículo cree a fe ciega en unos derechos que entiende como algo teórico y que fundamenta en la suposición de que el ser humano es bueno y necesita vivir en un mundo regido por la igualdad, el sentido común y la justicia. Aún aceptando que esta máxima se cumpliese las vías que propone en el texto para acercarse a este tipo de consumo se inclinan hacia la concienciación y la información.
    Según mi valoración, el artículo es demasiado teórico y carece del planteamiento de líneas de acción más allá del comercio justo, que supone un sector muy pequeño dentro del universo mercantil. Debería centrarse en la actividad de las grandes empresas que son las culpables de la desigualdad y la explotación, en vez de citar de una forma tangencial la situación que viven millones de seres humanos dentro de un mundo en el que las grandes empresas dirigen nuestro afán consumista.
    Personalmente añadiría una crítica al exceso de poder que nosotros, como consumidores, hemos entregado a estas empresas y propondría líneas de acción más concretas encaminadas a limitar los derechos laborales, los beneficios y el respeto al medioambiente.

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