lunes, 27 de febrero de 2012

Ejemplo de un texto divulgativo científico.

La ciencia y la tecnología se han convertido en los últimos años en objeto de información no ya sólo por parte de los medios especializados sino también de buena parte de los medios de información general impresos y audiovisuales.
La multiplicación desde mediados de los años 1990 de publicaciones a través de Internet no ha hecho sino acentuar esta tendencia, pues buena parte de esos nuevos medios se centran precisamente en contenidos científicos y, sobre todo, tecnológicos. Este proceso ha conducido a que, de la noche a la mañana, muchos periodistas hayan pasado a incorporar en su quehacer informativo diario temas antaño tan ignorados como la genética, la astronáutica o la informática.
Este creciente interés por la ciencia, la medicina, el medio ambiente y la tecnología ha planteado a los periodistas la necesidad de desarrollar modos de expresión que hagan asequibles e interesantes a un público general contenidos informativos que hasta ahora eran patrimonio exclusivo de los especialistas. Y todo ello, claro está, intentando conciliar ese esfuerzo divulgador con el rigor informativo.
Ese es el gran objetivo: combinar el conocimiento científico con la destreza comunicativa. Sin embargo, se ha demostrado un cóctel difícil de poseer. Los científicos adolecen a menudo de una falta de dotes comunicativas públicas que convierten sus palabras en inextricables mensajes cifrados para el público general. Por su parte, los periodistas pecan a menudo de importantes lagunas en sus conocimientos sobre ciencias naturales y exactas, lo que desemboca en frecuentes errores e inexactitudes en el tratamiento de la información científica y tecnológica.
Ciertamente, es ahí donde se sitúa el gran debate. Pero, en la antesala de ese debate, también cabe plantearse si los periodistas dominan en verdad las claves estilísticas para construir mensajes informativos que cumplan el deseado objetivo divulgador. Cuando entre periodistas y científicos se plantea la disputa que se ha descrito en el párrafo anterior, los periodistas tienden a dar por supuesto
que dominan las claves de la divulgación. Sin embargo, parece bastante aventurada semejante afirmación, pues abundan ejemplos en los medios de informaciones completamente ininteligibles sobre ciencia y tecnología elaboradas por periodistas. De igual modo, se podría achacar a los científicos que no pocas de sus investigaciones carecen de interés y no suponen ningún avance real para la ciencia.
Pero más allá de estas disputas, lo que nos interesa analizar en esta comunicación es que si se da por sentado que existen ciertas técnicas expresivas que permiten hacer de un texto periodístico un mensaje divulgativo, esas técnicas pueden y deben ser identificables. En otras palabras, es preciso analizar cuáles son las técnicas redaccionales que permiten convertir un texto científico ininteligible y poco interesante para un lector convencional en un texto periodístico comprensible y atractivo. Pretendemos señalar cuáles son, en definitiva, las técnicas redaccionales de la divulgación. Pâra ello utilizaremos el siguiente ejemplo:

Desde un punto de vista estrictamente químico, el ADN es una molécula vulgar, constituida por dos cadenas de azúcar y fosfato, y por unos componentes nitrogenados, o bases, muy comunes en el mundo orgánico.
Sin embargo, su gran tamaño y las peculiaridades de su estructura permiten a veces a los científicos trascender el análisis químico y observar directamente, con la ayuda de técnicas de microscopía electrónica, ciertos aspectos de su comportamiento dentro de la célula.

En este párrafo inicial de una noticia publicada en El País, el redactor muestra esfuerzos por no ahuyentar a un público general mediante el empleo de un vocabulario sencillo. Palabras como "azúcar" y "fosfato" sustituyen a complejos símbolos químicos que probablemente aparecían detallados en el texto científico original. Asimismo, en la frase siguiente el periodista no se detiene
en especificar el tipo concreto de "técnicas de microscopía electrónica" empleadas para observar directamente el ADN; el redactor de la noticia, con buen criterio, considera innecesario detallar más y elude mencionar el tipo concreto de esas técnicas.
En el ámbito de las estrategias léxicas de sustitución cabe incluir el uso abundante de metáforas, comparaciones, contrastes y analogías. Este es un buen ejemplo:
El ADN puede considerarse, en una primera aproximación, como una estructura del tipo de una escalera de mano: cada cadena de azúcar-fosfato sería uno de los listones verticales, y cada par de bases un peldaño. Para replicar el ADN bastaría con serrar todos los peldaños por el centro (es decir, separar cada par de bases) y luego reconstruir sobre cada listón la otra mitad gracias a las reglas fijas de apareamiento de bases. En esencia, eso es lo que ocurre en la realidad.

En este pasaje el periodista establece una analogía entre el ADN y una escalera de mano, un objeto de lo más habitual. Esto le permite proyectar con sencillez en la mente del lector una imagen muy ajustada de algo tan poco conocido para un lector común como una cadena de ADN pero, sobre todo, le sirve para desarrollar sobre esa imagen de la escalera de mano el resto de la explicación. A partir de esa imagen inicial, compara las partes del ADN (cadenas de azúcar-fosfato y bases) con las partes de una escalera (listones verticales y peldaños) y, a continuación, desarrolla el núcleo de la explicación en torno a la escalera y no al propio ADN; habla así de la técnica de "serrar peldaños",
una imagen perfectamente imaginable por cualquier persona gracias a la analogía anterior. Sin duda, si en lugar de esa imagen tan sencilla y certera hubiera escrito "separar pares de bases", muy pocos lectores habrían sido capaces de hacerse una imagen de lo que se les pretendía describir.

Recursos de estilo en los textos científicos de divulgación. Ramón Salaverría Arriaga.

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